jueves, 16 de septiembre de 2010

Ostras Fritas a la Beninense.

                                          (Porto Novo-Benin)

 No solo de quejas vive el hombre. Siendo éste un blog gastronómico, nuestro deber es publicar recetas. Y ya que estamos, recetas con raíces, recetas folklóricas, como me gustan a mí. Hay tantas para ensayar ,y de los cinco continentes que no me va a alcanzar la vida para colgar aquí todas las de mi colección. Pero voy a hacer el intento. Esta receta, es propia de Africa, uno de los continentes menos conocidos gastronómicamente hablando, pero para mí, uno de los más fascinantes . Su parte norte ha sido bastante explorada (me refiero a los países con predomínio árabe y bereber), pero en cambio, el área subsahariana, casi se ignora desde el punto de vista de las preparaciones culinarias. Por eso, aquí tienen un manjaricto sencillo, propio de Benín (ex-Dahomey).





OSTRAS FRITAS               (Cotonou-Benín)


INGREDIENTES

- 2 docenas de ostras
-1 vaso grande de jugo de limón verde.
-Gengíbre en polvo

SALSA DE TOMATES PARA ACOMPAÑAR

INGREDIENTES

- 5 tomates
-1/8 de vaso de aceite.
-1 cebolla.
-Sal y pimienta a gusto.

   Abrir las ostras. Disponer su carne en un plato hondo. Verterles por encima el jugo de limón. Marinar, escurrir y espolvorear con el gengibre.

   Pelar y quitar las semillas al tomate, cortarlo y reducirlo a puré. En una sartén, calentar el aceite y y volcar allí la pasta de tomates. Bajar el fuego. Revolver con cuchara de madera y cuando tome el aspecto de una preparación homogénea, incorporar la cebolla finamente picada. Salar y condimentar con pimienta.

   Disponer sobre la salsa, las ostras perfumadas, tapar y no volver a tocar. Dejar cocinar a fuego lento de 5 a 10 minutos y servir enseguida.

   ¡Buen provecho! Y acompañen con cerveza común o de mijo. No se asusten por la proposición última . No es una delicatessen elitista. Van al barrio chino y compran una latita o más de esta cervecita de mijo. Es baratonga y como la toman también en Fuchien y allí la fabrican, no hay problemas para tener un banquete del Africa ecuatorial en toda su autenticidad con una pequeña ayuda de la industria alimentaria china.

   Buenas noches...Que la vida está hecha de pequeños momentos como éstos.

   Vanesa.




   

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hablando...¿Se entiende la gente?



Como verán, no suelo callar las cosas que me caen gordas. Y esta es una de la que menos soporto. Se puede tratar de incorporar vocabulario nuevo , se puede querer se fresco y espontáneo…pero hay que saber diferenciar entre esos afanes entendíbles y justificables y la tontería total, el cipayismo barato , la ausencia de neuronas imperante en   boca de no pocos de nuestros chefs más conocidos.




Deben estarse por cumplir los seis o siete años de este fenómeno. Tal vez sean menos. Quizá me parezcan tantos porque cuando algo es absurdo, memo y pavo, parece durar infinitamente más. Lo agradable, se hace corto, lo bobo , eterno.



Bueno; vayamos al grano: lo que esta vez motiva mi queja es el uso abusivo de la lengua inglesa en gastronomía. No me importaría si esto fuera así con motivo de palabras sin traducción, de preparaciones típicas de países como Estados Unidos, Inglaterra, Australia, etc. En efecto, llamar “Torta corta” a la Shortcake “bollos escoceses” a los Scones o "embutido de menudencias a la escocesa" al popular "Huggie" , me resultaría tan ridículo y carente de sentido como lo opuesto. Pero los cocineros televisivos de los últimos tiempos, han batido todos los records a la hora de referirse a los diferentes platos que confeccionan o a los ingredientes utilizados en los mismos. Por otra parte, si admitimos términos extranjeros en este campo, quizá los únicos aceptables podrían ser algunos (y referidos a asuntos muy concretamente técnicos)   franceses. Francia ha sido la reina de la gastronomía hasta ahora y me causa un poco de gracia que  pretendan desterrarla de su bien ganado sitial los americanos e ingleses, quienes fuera de algunas preparaciones riquísimas locales   , nunca fueron referentes en la materia.



Voy a lo siguiente: no hay día en que sintonizando algún canal gastronómico del estilo de “El Gourmet” (cada día más de capa caída esa señal,según se ve) o “Utilisima” no escuche a algún chef decir: “Vamos a preparar unas riquísimas cookies”, “Ahora les paso la receta de esta original cake de chocolate”, “Agregaremos zester de cítricos a la masa” , “Disfrutemos de este sabroso pudding” y así…¿Adónde fueron a parar las palabras “galletitas”, “torta”, “ralladura” y…¿Budín? Algo debía escribir al llegar a este punto, porque en inglés “pudding” puede ser , en efecto un budín (pongan por caso “Plum Pudding “ o “Christmas Pudding”, dos exquisitas piezas de pastelería británica), pero también un dulce de apariencia pastosa y cremosa que se sirve en copas, por lo cual el término llama necesariamente a engaño. Señores. En inglés, esto es un pudding, ni más ni menos:





No creo que se deba atribuír a los propios chefs o cocineros estas innovaciones semiológicas. A todo lo más, quienes de entre ellos son menos instruidos o bastante ingenuos, aceptan de muy buen grado la nueva forma de destrozar nuestra lengua y nuestra cocina, sin tener siquiera la materia gris necesaria para darse cuenta de la situación. Otros, comprenden que se trata de una burrada (se les nota en la cara) , pero se ven forzados a continuar en esa senda por imposición de las señales en las cuales desarrollan su actividad. Los entusiastas de la "yanquimanía lingüística", como la chef venezolana Lorena García, llegan a la locura (de otra forma no puedo llamar a la conducta desplegada por la citada señora en cámara), de ponerse a aullar frases enteras en inglés americano en cámara y a hacérselas repetir a sus invitados a coro como si los estuviese adoctrinando para sacar la ciudadanía norteamericana. Sus “ Are you ready?”; “Great!” “Yes!” y otras palabrejas similares gritadas cada cinco minutos, son francamente insoportables….eso sin hablar de su obsesión por ir diciendo el nombre de los ingredientes que utiliza en cada receta, en el idioma de su madre patria (en este caso, los Estados Unidos) quizá con el afán de enseñar a su audiencia, la lengua del imperio. Y así continuamos balbuceando “smoothy” en lugar de "licuado", ya no utilizamos la palabra “pirotines” , nos ponemos tremendamente tontos al decir “Finger Food” para reemplazar el vocablo “bocaditos” ,insistimos con “bowl” cuando ya se había castellanizado la palabra “bol” y otras idioteces por el estilo. En no pocas oportunidades esto de nombrar en inglés americano exquisiteces de cocina o pastelería, hace creer al espectador que ha   descubierto platos nuevos cuando ya los conocemos desde hace años bajo nombres castizos. En los años 90’, todo el mundo se babeaba de gusto cuando al parecer, se introdujo la receta de la “Cheesecake"” , sin embargo ya clásica   entre nosotros… porque pocos se percataron de que se trataba de la vieja “Tarta de Queso” en todas sus variantes, publicada ya en numerosos libros de cocina de antaño. Es una receta muy popular en los países de habla inglesa y alemana, transplantada a nuestro país por los inmigrantes de fines del siglo XIX y princípios del XX. Claro…”Tarta de queso” suena a receta de la abuela y “Cheesecake” a pastelería sofisticada ¡No va  a comparar, doña!…Lo que el estirado pseudointelectual de Palermo Soho rechazaba por grasa al tener un nombre "vulgar", ahora lo come con deleite porque está bautizado en inglés y eso viste- Sin querer, así lo reconoció hace poco una joven cocinera mediática de un conocido programa de pastelería. Ella estaba preparando algo que bautizó como “Pudding de chocolate y mediaslunas”. Uno de sus compañeros, un panadero nada modernoso y muy bien centrado, le aclaró que esa exquisités se vendía en las panaderías desde hacía rato y se denominaba “Torta Napolitana" . La cocinera se horrorizó y dijo algo así como: “¡Ay, no me tire abajo la receta llamando a esto “Torta Napolitana”! Si digo que es un "pudding", le doy más categoría”. A eso se reduce todo…el inglés, para alguna gente, suena mejor que el castellano, así como en otros tiempos hasta eructábamos en francés. Sin embargo, entre tanta palabreja anglosajona, lo que más me sigue chocando es el uso y abuso del reemplazo de las palabras “torta” y “galletitas”, por “cake” y “cookie”. Casi no hay profesional de la cocina que no haga más uso de la terminología inglesa que de la nuestra. Hasta llegué a escuchar a  un genial pastelero (ante quien en otros aspectos me arrodillo, porque es Gardel en lo suyo), diciendo “cream cheese” en lugar de "queso crema"...¡El colmo de la tilinguería!. Alguien de su calidad profesional , no tenía porque echar mano de ese recurso innecesario. Por supuesto, hay excepciones a la regla: la muy inteligente y personal Narda Lepes, en su nuevo programa “Doña Petrona por Narda”, puesto en el aire por la señal de cable “Utilísima”, rara vez hace referencia a términos extranjeros innecesarios y en lugar de “tips”( otra palabra estúpida que está en boca hasta de las amas de casa) ella sigue dando "consejos". ¡Grande Narda!


(Para los chefs mediáticos, ésto vendría a ser una cookie...para mí  se trata de una simple galletita dulce)



   Pero no solamente el uso del inglés evidencia la tendencia snob de nuestros cocineros actuales o mejor dicho, de sus patronos contratantes. A veces, popularizan denominaciones que atentan contra los usos locales. Por ejemplo cuando se llenan la boca diciendo “papaya “ y “maracuyá” (dos frutas que aunque me encantan, ya me están cansando, pues los chefs de ahora no saben preparar NADA sin agregar alguno de estos dos ingredientes, sino ambos), cuando en Argentina y otros países del área lo correcto es decir “mamón” y “mburucuyá”. Estas dos frutas existen en nuestro país desde siempre, sobre todo en el área Noreste y no era difícil ver  en los viejos restaurantes porteños, leyendo la lista de postres, el mamón en almíbar, que también se vendía (y se vende) en los negocios de alimentos finos.Por supuesto, no es lo mismo, al menos para cierta gente comprarse un frasquito de mamón en almíbar "Made in Corrientes" que comer una exquisitez de orígen peruano o dominicano. Suena a "exótico".  Claro; en tiempos anteriores al uno a uno, nadie daba un peso por esa fruta porque los argentinos aún no viajabamos tanto al Caribe o al Brasil y la mayoría de la gente ni sabía lo que era. Dicho sea de paso, en Brasil se le dice “mamao” al mamón grande, y “papaia” al más chiquito, en forma de pera. El mburucuyá también es común en nuestro país, aunque en una versión más pequeña y dulce que el de  las de zonas más cálidas.Se parece algo a la variante peruana, cuya fotografía se verá en esta página.. Lo hemos sorprendido mil veces colgando de las cercas de las casas en cualquier barrio de Buenos Aires o el interior y la flor en la que se transforma el fruto, se llama Corona de Cristo o Flor de la Pasión. Hasta el auge del tropicalismo acendrado, a nadie le interesaba comerse un mburucuyá, salvo a quienes contados con los dedos de la mano, no le hacíamos ascos, por tener parientes litoraleños y saber que la frutita en cuestión era deliciosa. Ahora, con su nuevo nombre, lo ha invadido todo y hay hasta sopa de “maracuyá” (¡Ni se les ocurría decir “mburucuyá”! ¡Para esta gente es un quemo!). Por otra parte, la fiebre del destrozo semántico está alcanzando a todos los países latinoamericanos de habla española, pues hasta pueblos como el venezolano, quien llamó desde siempre “parchita” al mburucuyá y “lechosa” al mamón o el mexicano, para quien la primera era hasta no hace mucho, simplemente “fruta de la pasión”, se rinden ante el ataque a su lengua local. Y no vamos a ocuparnos ahora de otros esnobismos como el de llamar “frutos rojos” a ciertas bayas, morirse por comer cupcakes y macarrones y decorar las platos como si éstos fuesen cuadros geométricos, porque no terminamos más. Dejaremos eso para otra ocasión.

                     (¿Probaron alguna vez mamón en almíbar, especialidad de las províncias de Corrientes y Misiones? Tal vez digan que no, y sin saber lo hayan degustado comprando papaya en lata , importada de Tailandia, en el barrio Chino)


(Les presento al mburucuyá...¿Lo conocían?)



La conclusión es parecida a la mis otros artículos anteriores (me da un poco de prurito decir “post”): los canales enteramente dedicados a la gastronomía, lejos de lo que podría parecer, no son inocentes. Sus directivos, evidentemente partidarios de la “ideología única” que hoy por hoy impera en el mundo, se dedican, a su manera, a uniformizar el habla y el pensamiento de quienes se sientan sin segundas intenciones, a ver un sencillo programa de arte culinario. El lenguaje (ellos lo saben bien, y por eso han endiosado a una disciplina llamada “semiología” donde explican que todo cuanto conocemos en el mundo no es sino una construcción semántica) es muy importante para moldear el pensamiento. En cierta medida, somos como hablamos y si se logra que comencemos a hacerlo todos iguales, sin reflexionar, utilizando una terminología ridícula, terminaremos pensando como nuestros amos quieren. Esto no sucede solamente en gastronomía: quien le eche un vistazo al moderno lenguaje político, económico, educativo y hasta religioso (esta gente se ha infiltrado incluso en las diferentes iglesias y les han cambiado el lenguaje al punto de hacerlo irreconocible), sabrá a qué me estoy refiriendo. Cuando hace veinte años, uno leía notas de análisis político en este o aquel diario, escuchaba sermones en tal o cual  iglesia , oía dictar cátedra a diferentes profesores, en cada uno de ellos había un lenguaje propio, cosecha de quien hablaba o escribía – más allá de algunos términos de cada disciplina-, reflejo de su personalidad, de su individualidad. Hoy, el discurso personal ha desaparecido, y casi todos se parecen. Y lo más grave es que, si todos hablamos igual; todos pensamos igual también. Lo que está en disolución, y eso es grave, más allá de las recetas de cocina, es el yo. Hay un “nosotros” gigante que lo domina todo y borra las diferencias, en cuyo nombre los detentadores del poder actual (de izquierda y de derecha), dicen hablar.



Esta es mi reflexión de hoy, aunque a muchos les parezca exagerada. Piénsenlo mientras se comen unas cookies para acompañar el café con cream y le dan algunos tips a sus hijos para que hagan bien los homework. O.K?

Vanesa.

sábado, 14 de agosto de 2010

De la cocina típica y otras yerbas.

    Muy de moda parece estar la cocina típica de los más diversos puntos del planeta. Cocina étnica la llaman; yo prefiero denominarla cocina folklórica y no por capricho. La cocina étnica, difundida por las pantallas de miles de canales gastronómicos de todo el mundo, puesta en cartel por los restaurantes más afamados de los barrios platudos aquí y en la China, no es sino una manipulación infame de lo típico, una adaptación políticamente correcta de los manjares de la abuela.  Vemos a los chefs mimados por la farándula y los nuevos ricos  hacer el elogio de la tradición para luego destrozarla sin piedad a la hora de cocinar un plato con raíces en el pasado nacional o regional de cualquier país. Así, dirán que van a cocinar una paella valenciana, y cuando está ya uno frente al televisor, babeandose de gusto por anticipado, le toca ser testigo de una reinterpretación caprichosa de esa comida, a la que seguramente llamarán "versión moderna" de la paella. Lógicamente, el televidente espera encontrarse con una paellera enorme, rebosante de arroz, mariscos y por qué no conejo o pollo. Una imágen invitadora, sensual, bella en sí misma...pero el resultado final puede ser un pequeño montículo de arroz, coronado por un miserable langostino y rodeado de pocas gotitas de salsa que no tocarán los demás ingredientes. Cuando no nos es dado presenciar algo más extravagante. La imágen, ascéptica, insípida, generalmente simétrica y carente de todo atractivo, puede parecerse a una porción para pacientes hospitalizados, pero jamás a un manjar. En eso se habrá transformado la suculenta paella. Semejante adefesio será su "versión moderna". Así, arrancan de cuajo la tradición, la historia y la cultura, de un plato que tenía el poder de resumirlas a todas ellas. Así, fingiendo preocuparse por las raíces de un pueblo, las borran despiadadamente atacándolas desde adentro. Da más resultado que hacerlo encaramándose a la cocina vanguardista. La confrontación no suele dar resultado: si quieres vencer a un enemigo más poderoso que tú, únete a él. Y la tradición es poderosa...¡Vaya si   lo saben bien estos señores!



   Muchos chefs, cultores de la "tradición modernista", protestarán alegando que ellos han utilizado todos los ingredientes que lleva la paella, si bien utilizándolos de diferente manera, "deconstruyendo el plato", reinterpretándolo. Pero no se paran a pensar que lo que constituye la escencia de la paella no es lo que lleva dentro, sino cómo son utilizados los ingredientes que la componen. La historia, la cultura, están en la manera, no en los objetos inanimados. He escuchado decir hasta el hartazgo a profesionales respetados, como Iwao Komiyama o Borja Blázquez, que lo importante en una receta típica son los ingredientes , que a ellos se debe la esencia gastronómica de una región. Y bien, no. Se engañan , o más bien los han engañado a ellos quienes se lo enseñaron a decir. A una región o país, los  distinguen cómo se cocina allí,   , no qué se cocina . Y si estamos hablando de paella, diremos que en Valencia hay mucho arroz y no puede extrañar encontrar este ingrediente en varios de sus platos típicos ;ahora bien, también lo hay en China y allí la paella no existe... ni siquiera podemos hablar de un plato parecido a ésta por aproximación. Y son ricos en arroz el Brasil, la India, unos cuantos países de América Latina  y los EEUU , abundando además éste, en Africa aunque utilizándose en todos estos lugares de modo bien diferente. Otro ejemplo interesante podría ser el del maíz, ingrediente base de la gastronomía mexicana, pero que no puede faltar en Italia a la hora de preparar una polenta y es primordial   en unos cuantos guisos y hasta bebidas del Perú, para no hablar del sur y el este de Africa, donde se lo consume también en platos regionales muy poco parecidos a los de los países antes mencionados. En los EEUU, reviste el maíz carácter propio con sus emblemáticos panes y su succotash. No dejan tampoco los chinos de agregarlo a las sopas, ni los japoneses de asarlo en las fiestas populares, bañado en salsa de soja suave. En suma.,decir que en un plato típico lo primordial es el ingrediente (producto se dice ahora, en un legunaje muy mercantil) es como afirmar que en una canción folklórica lo importante es la guitarra, no el ritmo regional que se está interpretando y colegir de allí que todos los pueblos que emplean la guitarra para interpretar su música folklórica, tocan lo mismo. Lo que da personalidad a un plato es cómo se lo hace, por qué se lo hace, con qué motivo se lo cocina. El ingrediente es muy secundario, si se quiere. Los italianos, por ejemplo, ya cocinaban la polenta con semola de trigo antes del ingreso a Europa de la harina de maíz de América y aplicaron  esa manera de hacer y de interpretar la comida a un nuevo elemento.



    También choca la deformación de los platos a manos de estos chefs mediáticos . No les tiembla la pera  cuando se trata de decir, sin sombra de rubor "yo me dedico a hacer cocina tailandesa, pero con unos toques marroquíes aquí y allá", lo cual es matar a un mismo tiempo a la cultura gastronómica de Tailandia y de Marruecos, dando además como resultado un plato ezquizofrénico, de doble personalidad. Un plato sin raíces, como el esperanto,  lengua sin arraigo, que por eso mismo, no prosperó. Se llaman a engaño quienes evocan una una fusión "natural" como resultado del devenir de la historia - la cual, por cierto existió, existe y existirá- para amparar su postura de cocineros fundamentalistas de la mezcla permanente de tradiciones. Desde luego, siempre hubo influencias de unas culturas sobre las otras, no siendo la gastronomía una excepción a la regla. Pero se trataba de influencias paulatinas, que íbanse dando de apoco como causa de inmigraciones, invasiones, guerras y otros factores. Ahora, el movimiento de fusión viene impuesto con furia por la cultura oficial, impulsado por cocineros en el candelero que trabajan para el poder, metido en nuestras cabezas a la fuerza y con sopapa por los cultores del pensamiento único llegando a las propuestas más disparatadas como ofrecer en un restaurante para nuevos ricos, sushi boys y ejecutivos varios, platos "del sudeste asiático" (englobando a todos los países del área en esta genérica denominación ) con influencias polacas y detalles de la escuela de Paul Bocusse..

   Si queremos conservar una cocina folklórica gustosa, con sabor a historia y a tradición, que nos haga seguir pensando en los sabores creados por las manos de aquellas dulces abuelitas argentinas, españolas, italianas, francesas, mexicanas, kenyatas, japonesas, chinas, polacas, inglesas , tailandesas, la solución es mantenerse lo más fiel posíble a las recetas heredadas. Por supuesto, diferirán las unas de las otras, porque éstas pueden variar de una región a la siguiente - y esas variaciones también son historia - pero lo que no deberíamos hacer es caer en la tentación de los "deconstructores", los difusores de las "versiones modernas" (no existen, son un delírio) y los cultores de fusiones estrafalarias. La imaginación puede volar ciertamente en otro tipo de platos, donde nosotros seamos los creadores, los compositores, los artistas...aquí, estamos reducidos a la categoría de intérpretes, como si nos entregasen una  partitura de Mozart para ejecutarla. Por supuesto, siguiendo a los buenos intérpretes, algo nuestro hemos de poner en el plato que hagamos, pero no nos está permitido alterarlo. Ese manjar es obra de la historia, no nuestra. Ella es aquí la creadora. Nuestra capacidad interpretativa se verá en cómo dosifiquemos el condimento, en la cantidad seleccionada de los diferentes ingredientes a utilizar, en el punto de cocción, en el amor que pongamos al cocinar.

   Mantener la cocina folklórica viva, librándola de snobismos y ataques solapados, es el deber de nuestro tiempo, una cuenta pendiente que tenemos con la historia.

   Vanesa.

domingo, 1 de agosto de 2010

Diciéndolo crudamente...

  
  No hace mucho de la instalación de este nuevo fenómeno. Tiene sus fanáticos seguidores y están más dispuestos a matar que los Cruzados lanzados a la reconquista del Santo Sepulcro.

    Me refiero particularmente a la consumición de carnes casi crudas, destilantes de sangre, no llegando siquiera a la categoría de "vuelta y vuelta". La cosa no sería tan grave en el caso de la carne de vaca, que como dijo el chef Máximo López May, es la única en admitir distintos puntos de cocción , a saber, vuelta y vuelta, a punto o cocido, siguiendo el gusto y piacère del comensal...pero el fundamentalismo de lo crudo se ha extendido peligrosamente - el lector ya sabrá por qué he elegido esta palabra tan alarmista - al cordero, al cerdo, al chivo, al ciervo y al pescado, lo cual desde el punto de vista ghastronómico, es inaceptable. Y no porque se me ocurra a mí. No es capricho, ni cuestión de gustos, ni defensa al cuete de una costumbre sin sentido. La cosa es bien grave. Paso a detallar el motivo.

   El cordero, el chivito , el cerdo y el ciervo no se pueden comer vuelta y vuelta o a punto. Si no reciben una buena cocción, resisten porfiadamente la acción del diente, no ceden, no es posíble reducirlas ni tragarlas. Haciéndola corta SON DURAS COMO UN TIENTO. Por otra parte, no tienen sabor. Es decir, sí poseen uno, pero en extremo desagradable. Hablando bien y pronto conservan gusto a crudo. Pero ésto no es lo peor. Habrá sin duda quien diga muy suelto de cuerpo: "Me gusta el sabor a crudo", lo cual es muy entendíble, por aquello de la vieja que se metió un dedo en cierta parte de su anatomía para luego sentirle el olor; lo grave del cordero, cerdo y/o chivito crudos es que son muy indigestos. Caen como una piedra al hígado. Tomarse diez botellas de grappa en una misma noche le sentaría mejor al laboratorio de nuestro organismo que manducarse un corderito jugoso. Y sino que lo cuenten los paisanos de la Patagonia, buenos entendidos en la ciencia de bien presentar y servir un cordero. Tengo parientes y conocidos por esos pagos y no hay uno que no  se ría cuando les refiero el nuevo berretín de los chefs modernosos acerca del cordero casi sangrante. Ellos saben muy bien la imposibilidad de digerir algo así...Más de un peón apurado, después de cometer el error de zamparse un corderito aún no bien cocido - no digo ya casi crudo, como se suele presentar en los programas de "El Gourmet" - pagó las consecuencias en el baño.

   En el caso del cerdo, además de la dureza de la carne - y cuando digo dureza, no bromeo...literalmente no se puede masticar- , la falta de una cocción adecuada puede llevar al contagio de enfermedades bravitas, como la triquinosis.  Con el chancho no se juega. A comerlo cocido o a no comerlo...Llama la atención que gente tan histeriqueada con una enfermedad de moda, la salmonellosis (que se previene con solo lavar con lavandina la cáscara del huevo e higienizar como correspnde frutas y verduras) deje de lado algo tan poco agradable como la triquinosis y en el caso del cordero, la hidatidosis, un mal que muchos peones y hasta chacareros de la Patagonia sufren por simple contacto con las ovejas .Consiste en la formación de pequeños quistes en las vísceras, llegando a hacerse éstos muy peligrosos cuando se asientan en el hígado. Pueden operarse, pero siempre queda el riesgo de su reaparición, porque los caballeretes son muy rebeldes.








   El pescado, en honor a la verdad, puede comerse crudo. De hecho, soy bastante aficionada al sashimi...pero ojo al piojo. El pescado siempre se ha comido completamente crudo o totalmente cocido...No en un punto intermedio, como es la moda ultimamente. Los chefs en boca de todo el mundo, arruinan los más exquisitos cortes de atún echándolos a la plancha , dorándolos de un lado y del otro, y dejando en el centro un ridículo espacio crudeli. La textura de ese esperpento es indescriptíblemente horríble, además de la diferencia notable de temperaturas entre el corazón del trozo de pescado y el resto de la pieza. Nadie se va a morir por comer un atún cocido como la cara del chef que lo hizo, pero no tiene sentido. Se trata de una snobeada de marca mayor.

   Ignoro a qué se debe esta soberbia pavada, pero que se trata de una bajada de línea, es innegable. ¿Cómo percibimos ésto? Simplemente a la hora de escuchar a los chefs televisivos que hacen la ponderación absoluta de la comida cruda. Todos usan las mismas palabras, todos desvían la mirada cuando hablan en ese sentido, todos suenan insinceros....y todos , antes de la "ola de las carnes sangrantes", cocinaban cordero, cerdo, ciervo y pescado en su justo punto. Tengo memoria y algunas grabaciones de programas viejos como prueba. No hay quien , a la hora de poner a las brasas un trozo de cordero o de cerdo no diga: " Lo voy a sacar bien jugosito, QUE ES COMO ME GUSTA A MÍ" . Las últimas palabras remarcadas en mayúsculas, casi nunca faltan...aunque quienes las pronuncian despreocupadamente, no recuerden que hace uno o dos años, recomendaban disfrutar de  ese tipo de carnes ,doraditas y bien cocidas. Otros, más soberbios, o más agresivos a la hora de anunciar a los televidentes de un continente entero algo a todas luces absurdo, anuncian categóricos: " El cerdo - o cordero - se DEBE comer bien jugoso; así...que se vea rosado por dentro y suelte juguito al cortarlo".

   No pocos profesionales de la cocina , se ven forzados a adoptar esta postura contra su voluntad, como lo demuestran sus miradas huidizas y el fuerte rubor que les tiñe las caras cuando repiten tales barbaridades en  cámara. Evidentemente - y otra vez repito, se me escapa la razón del fundamentalismo de las comidas crudas - si no lo hacen así, sus puestos de trabajo en algunos conocidos canales de cable, peligran...y nadie quiere quedarse en la calle. No los enjuício a ellos por exponer a quienes los escuchan y ven, a sufrir un fuerte ataque al hígado, como consecuencia más liviana de esta "snobeada" gastronómica o una hidatidosis mezclada con triquinosis y rotura de molares si se persevera en la costumbre de comer carnes no aptas  para la opción "vuelta y vuelta". Ellos hacen lo que pueden; y no pueden mucho. Pero debo reconocer que me cayó gorda la actitud de Roberto Petersen     , -de no ser por esto, me simpatizaría sin atenuantes- al afirmar que él en su restaurante, servía la carne de cordero casi cruda y si algún comensal se la mandaba de vuelta para que la pusiese un tiempito más a la plancha, se negaba redondamente a hacerlo porque "el cordero se come así"...Yo , hasta hoy había creído que el cliente siempre tenía razón y cuanto pidiese se le debía satisfacer. Al parecer, estaba en un error. La nueva dictadura mundial se extiende a la gastronomía. Si se ha dictaminado la ingesta de cordero sangrante, el comensal deberá aceptarlo, así a él no le guste....Como verá el   lector, el pluralismo y la democracia están en todas las bocas, pero la dictadura y el pensamiento único en el accionar práctico   de los dueños de esas bocas. Más dolor me  produjo oír al mismísimo     Francis Mallmann (supuestamente libérrimo) exclamar: " A mí el cordero ME GUSTA ASÍ, vuelta y vuelta", mientras retiraba un pedazo de carne del noble animal, completamente crudo, apenas dorado por la superfície  y de UN lado,siendo que, justamente en una propaganda de cordero patagónico televisada por el mismo canal de cable para el que trabaja actualmente, se lo puede ver comiendo cordero como corresponde, muy bien cocido   , al pie del asador.

   ¿Qué sucede en estos tiempos, gente? ¿Por qué de pronto esa insistencia, reñida con toda lógica conocida  de comer carnes no aptas para tal fin, en un punto de cocción lindante con el bicho   vivo? ¿Por qué se trata de persuadir a los cocineros en ciernes acerca de la viabilidad de romperse los dientes y destrozarse el hígado tratando de masticar y digerir corderitos, chivos y cerdos crudos? ¿Por qué insisten algunos en autotorturarse comiendo un pescado no crudo ni cocido, sino mitad y mitad, convirtiendo un manjar en "ni chicha ni limoná" ?  Si alguien tiene la respuesta, le agradecería me la haga llegar. Yo no logro dar con ella. Mientras tanto, y volviendo a Máximo López May, me quedo con sus palabras a la hora de describir el punto justo   de un cordero a la parrilla: "...Tiene que quedar así ¿Ven? Doradito; y que la carne se separe sola de los huesos...¡Es una manteca!". Si tuviera una copa de champagne, la levantaría para brindar a tu salud, Máximo. Que entre tanto loco alguien conserve el sentido común, provoca un tremendo alívio.

   Vanesa.

 

viernes, 30 de julio de 2010

A modo de presentación.

   Señores, es muy difícil hoy en día iniciar un blog sobre gastronomía; y digo a conciencia que es muy difícil, pues en esta etapa del siglo XXI, al parecer, la comida está de moda. No se habla sino de comer y beber. Los programas más vistos, son aquellos donde prestigiosos chefs, idolatrados cual estrellas de cine, se regodean hablando del noble acto de lastrar, mientras preparan exquisiteces o le dan al diente sin parar. No hay quien en la Argentina, no sepa quién es Narda Lepes, Francis Mallmann o Donato de Santis, ni en México persona desconocedora de la trayectoria de Enrique Olvera o Alfonso Cadena por citar algunos pocos ejemplos y solamente dos países de habla hispana.

   El fenómeno es, como se verá entonces, significativo y el auge de los programas gastronómicos está lejos de ser casual. En sí, no está mal que la audiencia disfrute de tanto alarde de "savoir-vivre", y más si como en mi caso, les gusta cocinar y coleccionar recetas de cocina de todas partes del mundo...pero resulta extraño tanto regodeo en torno al sencillo acto de comer y tan cuidada explicación científica acerca de algo que debiera ser un puro disfrute; un arte si se quiere, pero nunca una técnica.

   He iniciado este blog porque a pesar de existir varios canales dedicados las 24 horas del día a regurgitar comida, no se habla seriamente de gastronomía. Todo lo que se hace es utilizar el tema como vía de adoctrinamiento político-cultural. El televidente oye repetir hasta el hartazgo palabras y conceptos que no se sostienen un minuto si se analizan concienzudamente, y luego, a su vez los repite él , creyendose el más sofisticado de los "bon-vivants" del mundo, el más original de los seres del planeta. Y es así adoctrinado por la sutil campaña gastropolítica orquestada desde los mismos centros de poder que manejan la economía, la cultura, la educación, los gobiernos y todo lo demás, se transforma en un ser ...¿Cómo diríamos? ¿Políticamente correcto o "gastropolíticamente correcto"? Ustedes eligen...Y si les parece una exageración todo ésto los invito a que me sigan en las próximas entradas que pienso realizar en los meses siguientes y luego me dan su parecer.

   Dicho ésto, cabe una aclaración: tengo el mayor de los respetos por los profesionales de la gastronomía nacional e internacional que, como en su momento Doña Petrona, nos deleitan con sus magníficas creaciones o la reproducción fidedigna de platos representativos de países o regiones.Quizá, cuando muchos de ellos incurren por momentos, en las ridiculeces que voy a mencionar en mis diferentes artículos, es porque el canal los obliga a salirse de su línea habitual o a hablar de un modo impropio de sus estilos personales, utilizando vocabulario extraño a sus labios (¡¡¡Se nota!!!) Vayan mi caluroso reconocimiento a Christophe Krywonis, Narda Lepes, Donato de Santis, Choly de Berreteaga, Takehiro Ohno, Francis Mallmann (aunque a veces se nos pone un tanto extravagante, el hombre), María Laura D'Aloisio, Mirta Caravajal,,Máximo López May ,Silvia Barredo, Mauricio Asta, Juan Manuel Herrera y Osvaldo Gross entre otros...Y mis críticas a quienes las merezcan, que se sabrán reconocer si necesidad de nombrarlos (aunque a veces, vamos a ser un poco crueles y a dar algún que otro nombre).

   Pero no todas van a ser críticas y reproches...Va a haber también numerosas recetas para compartir con todos ustedes, y elogios a quienes los merezcan. Pese a todo, gente, confío en que podamos divertirnos juntos hablando de gastronomía, y si es posíble, cocinando. Si hay algún "snob" dando vueltas, le aclaro que este sítio no es para él o ella. La elegancia es muy apreciada en este blog, pero confundirla con la sofisticación propia de un nuevo rico que quiere demostrar que sabe mucho de vinos y de menúes de moda es casi, casi , un pecado capital. Tanto como considerar a un mismo nivel al Palacio de Versalles y a un restaurante de Las Cañitas...

   Ahí nos vemos...Y espero no haber herido susceptibilidades.

   Vanesa.